DEDICATORIA (Versión para tu novia — intensa, íntima y poética)
Para ti, mi niña preciosa.
A través de estas palabras quiero mostrarte cuánto significas para mí, cuánto te veo, cuánto te siento, cuánto te llevo dentro sin siquiera intentarlo.
Quiero q entiendas —aunque a veces te cueste creerlo, aunque las dudas te muerdan el alma— q eres una de esas personas únicas que llegan una sola vez… y cuando llegan, el corazón simplemente decide quedarse a vivir ahí.
Con esto intento que sepas cómo te percibo, cómo te miro incluso sin estar viéndote, cómo vibra mi pecho cuando pienso en ti.
Y aun así, por más q escriba, nunca voy a poder explicar completamente la forma exacta en la q te amo, porque lo mío contigo no se escribe:
se respira, se siente, se reconoce, se entiende con el alma.
Lo q quiero contigo es simple y enorme a la vez:
amarte cada día, sin cansarme.
Demostrarte q sí mereces amor.
Q sí mereces cariño.
Q sí mereces un lugar seguro…
y q ese lugar puede ser conmigo.
Quiero llenarte cada espacio donde antes vivió una herida, cada rincón donde te enseñaron a dudar de ti.
Quiero abrazarte hasta apagar cada miedo, hasta q entiendas q para mí eres suficiente, valiosa, importante… y amada de verdad.
Y mientras el tiempo pase, mientras crezcas, mientras el mundo gire…
aquí voy a estar yo, demostrándote con hechos cuánto puedo darte, cuánto puedo cuidarte, cuánto puedo amarte sin rendirme jamás.
Esta dedicación puede parecer pequeña, pero está escrita con lo más sincero q tengo.
Con mi alma.
Contigo.
AGRADECIMIENTO (Versión íntima, femenina, poética — para tu novia)
Agradezco a la vida, al destino o a lo que sea que movió los hilos…
por ponerte en mi camino, amor mío.
Agradezco que estés a mi lado, incluso en mis días rotos, incluso cuando tiemblo, incluso cuando me cuesta creer en mí.
Agradezco q no te hayas ido, q te quedaras justo donde más te necesitaba,
q me amaras incluso cuando yo misma no sabía cómo hacerlo.
Gracias x cada palabra q me diste cuando me sentí sola,
x cada abrazo imaginario q me sostuviste aun en la distancia,
x cada noche donde tu presencia me salvó aunque no estuvieras físicamente aquí.
Gracias x mirarme distinto, x hacerme sentir importante,
x enseñarme q merezco cariño, q merezco amor,
q merezco ser elegida… por ti.
No sabes cuánto agradezco haberte conocido.
Porque desde ese momento mi mundo cambió sin pedir permiso.
Llegaste a mi vida como un susurro, y al mismo tiempo como una tempestad que me despertó algo que yo creía perdido.
Y hoy, mientras escribo esto, entiendo q eres esa persona a la que puedo abrirle el alma sin miedo.
Agradezco poder darte mi amor, mi cariño, mi tiempo, mis ganas, mis latidos.
Agradezco tener un lugar seguro en tus palabras,
y poder devolverte todo con mi forma propia de amar, esa que a veces tiembla, pero nunca miente.
Estos capítulos…
estas palabras…
todo lo que viene después…
no es solo un agradecimiento.
Es la prueba viva de lo afortunada que soy de caminar a tu lado,
de amarte así, tan profundo, tan íntimo, tan mío…
y de q tú me elijas también.
Gracias x existir, mi amor.
Y gracias x quedarte conmigo.
INTRODUCCIÓN — PARTE 1 (Versión chica, íntima, poética)
Desde el primer instante que apareciste en mi vida, hubo algo… algo raro, algo hermoso, algo que todavía hoy me cuesta poner en palabras.
No sé si llamarlo conexión, destino, suerte, o simplemente esa magia rara que solo aparece una vez y nunca vuelve a repetirse.
Lo único que sé es que lo sentí.
Una chispa suave, silenciosa, pero imposible de ignorar.
Era “solo una amistad”, sí.
Yo también repetía eso para no confundirme, para no ilusionarme, para no caer en algo que no entendía todavía.
Pero incluso dentro de esa “simple amistad”, había algo distinto…
Un latido escondido, un presentimiento que se me quedaba pegado al pecho cuando hablábamos, cuando me escribías, cuando llegabas con tu forma tan tuya de existir.
Yo decía que éramos amigos.
Pero dentro de mí, muy muy dentro, ya empezaba a nacer algo más.
Algo pequeño, delicado, casi imperceptible…
pero real.
Y tú, sin darte cuenta, lo alimentabas con cada palabra, con cada gesto bonito, con cada momento en el que me hacías sentir vista, escuchada, importante.
Y es que era raro…
Raro cómo de un día para otro empezaste a sentirte como alguien que conocía desde siempre,
como si mi alma hubiera reconocido la tuya antes que yo misma.
¿Extraño?
Tal vez para otros sí.
Para mí no.
Para mí fue como volver a casa sin haber estado ahí nunca.
Yo buscaba algo único, algo verdadero, algo que no fuera cualquiera.
Y sin pedir permiso, sin anunciarte, sin intentar impresionarme,
te convertiste exactamente en eso que buscaba.
En eso que ni sabía explicar, pero que sentía aquí —en lo más profundo de mí.
Pero no me quiero adelantar.
Porque esta historia merece ser contada despacio,
con el mismo cuidado con el que yo te fui queriendo.
Así que empecemos por el principio…
¿Qué fue lo que vi en ti?
¿Qué me llamó la atención?
¿Y lo más importante… qué fue lo que me enamoró?
Aquí tienes el CAPÍTULO 1: “El sentir”, versión para tu novia, escrito por ti, en versión femenina, con un tono mucho más íntimo, profundo, poético, emocional y brutalmente sincero, con ese toque “Bukowski suave” que tanto te gusta.
Lo mejoré todo: ritmo, metáforas, coherencia, profundidad emocional, voz íntima.
Te lo entrego completo en un solo mensaje (y bien largo, como querías):
---
**CAPÍTULO 1
“El sentir”**
Mi amor…
Tú no sabes cuántas veces pensé en este capítulo antes de escribirlo.
Cuántas veces repetí tu nombre en mi mente, como si al pronunciarlo pudiera ordenar lo que siento, darle forma, darle nombre…
pero lo que tengo por ti no cabe en un solo nombre, ni en un solo concepto, ni en un solo “te amo”.
Lo que tengo por ti es un universo entero.
Este capítulo se llama “El sentir”, porque eso fuiste tú para mí desde el principio:
un sentir.
Algo vivo. Algo que se mueve. Algo que respira conmigo.
Algo que no pide permiso.
Porque contigo aprendí lo que es sentir de verdad.
Y no sentir “normal”, no…
Sentir libertad.
Contigo puedo ser yo.
Entera. Cruda. Honesta.
Sin miedo. Sin máscaras. Sin medir mis palabras.
Porque tú no eres solo mi novio…
eres ese espacio donde por fin puedo soltar todo y sentirme en casa.
Y aunque este sentimiento lleva tiempo guardado, escondido en cada mirada, en cada conversación, en cada silencio nuestro…
lo importante —mi amor—
es que tú ya lo sabes.
Y no hay nada más liberador que eso:
que me leas sin esfuerzo, que me entiendas sin traducciones, que me sientas sin que yo hable.
Porque por mucho tiempo pensé en cómo decírtelo.
¿Cómo sonaría?
¿Qué harías tú?
¿Cómo reaccionaría yo?
¿Se rompería algo?
¿O por fin se completaría?
Y duele un poco admitirlo, pero sí: éramos amigos.
Y digo “éramos” porque ahora lo somos…
pero de una manera completamente distinta.
Porque ahora nuestras palabras tienen peso,
nuestros silencios hablan,
nuestras miradas cuentan historias,
y nuestras manos —aunque no se toquen— ya aprendieron a encontrarse.
Cuando por fin escuché esas palabras tuyas, firmes, suaves, inesperadas…
“Me gustas”
…mi mundo, mi amor, se detuvo.
Fue como si todas las piezas que llevaba años intentando entender
de pronto se acomodaran por sí solas.
Y pensé:
“¿De verdad?
¿De verdad le gusto yo?”
Y sí.
Era real.
Era nuestro.
Era eso que se sentía desde siempre.
Lo nuestro no es raro.
Jamás lo fue.
Lo nuestro es único.
Y por eso duele más.
Por eso sana más.
Por eso importa tanto.
Amo la manera en que te siento.
La manera en que tú expresas tu sentir al mío.
La manera en que esto que tenemos es algo nuevo para mí…
algo que jamás había vivido así:
tan puro, tan honesto, tan de alma.
¿Es esto sentir?
¿Esta paz que me cubre cuando pienso en ti?
¿Esta tranquilidad que me abraza aunque estés lejos?
¿Esta alegría que aparece solo con imaginar tu voz?
¿Este temblor bonito en el pecho, como si cada emoción quisiera salir a correrte los brazos?
Porque cuando pienso en ti…
sí, mi amor…
es como perder el aliento.
Como si el tiempo corriera y corriera,
pero yo contigo aprendiera a ir lento,
a saborear cada segundo,
a entender que hay cosas que no se miden,
solo se sienten.
El enamoramiento contigo es música.
Es una melodía cálida, suave, que se queda en la piel como una caricia que no quiero que acabe.
Cuando te veo…
cuando te imagino…
cuando te leo…
me sorprende lo maravilloso que eres, lo espléndido, lo asombroso.
Tú mereces todo, amor.
Todo lo bueno.
Todo lo bonito.
Y sí, incluso lo malo, porque hasta en lo malo tú aprendes, tú creces, tú te reparas.
Eso siempre lo he admirado de ti.
Porque tú puedes.
Tú siempre puedes.
Y no solo podrás… vas a lograrlo.
Porque tu fortaleza es de esas que se sienten desde lejos.
Cuando tú estás feliz, yo estoy feliz.
Cuando tú estás triste, a mí también me duele…
pero igual estoy ahí.
Siempre.
No por obligación.
No por compromiso.
No por agradecimiento.
Sino porque quiero estar.
Porque así como tú me escuchaste cuando el mundo se me caía,
yo voy a escuchar
CAPÍTULO 2
“Sentimientos encontrados”**
Mi amor…
si supieras cuántas veces me quedé pensando en ti sin querer, cuántas veces me descubrí sonriendo a medias solo porque recordé alguna palabra tuya…
te darías cuenta de que esto que siento por ti no nació de un día al otro:
creció calladito, despacio, sin hacer ruido…
como si tuviera miedo de que yo lo descubriera demasiado pronto.
Había días en los que hablar contigo era lo más bonito del mundo.
Y otros en los que me asustaba lo mucho que me afectabas.
Esa mezcla rara…
entre alegría y miedo, entre calma y descontrol…
eso eran mis sentimientos encontrados.
Porque me pasaba algo cuando te veía, cuando te leía.
Algo que no podía explicar.
Algo que me gustaba demasiado.
Algo que intenté negar… muchas veces.
Pero, ¿cómo negarlo, mi amor, si lo único que hacía mi corazón era hablar de ti?
Hablar contigo me daba una sensación que aún hoy me cuesta describir:
seguridad.
Una seguridad suave, cálida, como si tus palabras fueran un abrazo invisible.
Una confianza que no tuve que pedir, que no tuve que construir…
simplemente llegó contigo.
Y entonces lo entendí:
me siento segura porque estás tú.
Porque eres tú.
Porque tuve la fortuna —la bendita fortuna—
de cruzarme con la chica más maravillosa que pude haber conocido.
Radiante, profunda, honesta.
Tan humana… tan de verdad…
que incluso en tus días grises sigues siendo luz.
Y si tú a veces no lo ves, yo sí.
Lo veo en cómo te esfuerzas, en cómo luchas, en cómo cada día intentas ser mejor, aunque tengas miedo, aunque estés cansada, aunque el mundo te pese.
Y dime…
¿cómo no valorar eso?
¿Cómo no enamorarme de eso?
Eres la chica indicada.
La que no sabía que buscaba.
La que apareció con un simple “hola”…
y sin saberlo, le movió el suelo a mi vida.
He visto tantas versiones tuyas…
las graciosas, las tontitas, las intensas, las tiernas…
las tristes, las frustradas, las inseguras…
y sí, incluso esa parte “mala” que otros juzgan, esa que tú escondes porque te da miedo no ser suficiente.
Pero para mí, amor…
para mí, todas esas versiones son tesoros.
Todas valen.
Todas importan.
Porque todas son tuyas.
Y qué privilegio el mío ser quien las conoce.
A veces pienso en eso y me siento tan afortunada…
como si la vida hubiera sido buena conmigo por primera vez y me hubiera dicho:
“Ten. Aquí está ella. Cuídala.”
Y créeme, lo hago.
Y lo haré siempre.
Haré cada día un esfuerzo por que te sientas valorada, escuchada, querida…
amada.
No con cualquier amor, no con un amor barato o rápido…
sino con uno que abriga, que sostiene, que acompaña.
Quiero que estés cómoda conmigo.
Quiero que seas feliz.
Quiero que tengas tranquilidad.
No la tranquilidad vacía de “todo está bien”…
sino la tranquilidad profunda de saber que hay alguien —yo—
que está orgullosa de ti,
que celebra tus pasos,
que te aplaude aunque no me veas,
que se enamora de ti un poquito más cada vez que te veo amarte a ti misma, aunque sea poquito, aunque cueste.
Porque así como tú me escuchaste en mis días rotos,
así como tú abrazaste mis heridas sin pedir explicaciones…
yo voy a hacer lo mismo contigo.
Esos sentimientos encontrados que tuve un día…
aquella mezcla de miedo, emoción, incertidumbre y amor…
hoy ya no me asustan.
Porque hablar contigo los alivió.
Porque tú eres el alivio.
Porque tú eres mi paz.
Y porque tú, mi amor…
eres el sentimiento más bonito que he tenido en la vida.
CAPÍTULO 2
“Sentimientos encontrados”
Mi amor…
si supieras cuántas veces me quedé pensando en ti sin querer, cuántas veces me descubrí sonriendo a medias solo porque recordé alguna palabra tuya…
te darías cuenta de que esto que siento por ti no nació de un día al otro:
creció calladito, despacio, sin hacer ruido…
como si tuviera miedo de que yo lo descubriera demasiado pronto.
Había días en los que hablar contigo era lo más bonito del mundo.
Y otros en los que me asustaba lo mucho que me afectabas.
Esa mezcla rara…
entre alegría y miedo, entre calma y descontrol…
eso eran mis sentimientos encontrados.
Porque me pasaba algo cuando te veía, cuando te leía.
Algo que no podía explicar.
Algo que me gustaba demasiado.
Algo que intenté negar… muchas veces.
Pero, ¿cómo negarlo, mi amor, si lo único que hacía mi corazón era hablar de ti?
Hablar contigo me daba una sensación que aún hoy me cuesta describir:
seguridad.
Una seguridad suave, cálida, como si tus palabras fueran un abrazo invisible.
Una confianza que no tuve que pedir, que no tuve que construir…
simplemente llegó contigo.
Y entonces lo entendí:
me siento segura porque estás tú.
Porque eres tú.
Porque tuve la fortuna —la bendita fortuna—
de cruzarme con la chica más maravillosa que pude haber conocido.
Radiante, profunda, honesta.
Tan humana… tan de verdad…
que incluso en tus días grises sigues siendo luz.
Y si tú a veces no lo ves, yo sí.
Lo veo en cómo te esfuerzas, en cómo luchas, en cómo cada día intentas ser mejor, aunque tengas miedo, aunque estés cansada, aunque el mundo te pese.
Y dime…
¿cómo no valorar eso?
¿Cómo no enamorarme de eso?
Eres la chica indicada.
La que no sabía que buscaba.
La que apareció con un simple “hola”…
y sin saberlo, le movió el suelo a mi vida.
He visto tantas versiones tuyas…
las graciosas, las tontitas, las intensas, las tiernas…
las tristes, las frustradas, las inseguras…
y sí, incluso esa parte “mala” que otros juzgan, esa que tú escondes porque te da miedo no ser suficiente.
Pero para mí, amor…
para mí, todas esas versiones son tesoros.
Todas valen.
Todas importan.
Porque todas son tuyas.
Y qué privilegio el mío ser quien las conoce.
A veces pienso en eso y me siento tan afortunada…
como si la vida hubiera sido buena conmigo por primera vez y me hubiera dicho:
“Ten. Aquí está ella. Cuídala.”
Y créeme, lo hago.
Y lo haré siempre.
Haré cada día un esfuerzo por que te sientas valorada, escuchada, querida…
amada.
No con cualquier amor, no con un amor barato o rápido…
sino con uno que abriga, que sostiene, que acompaña.
Quiero que estés cómoda conmigo.
Quiero que seas feliz.
Quiero que tengas tranquilidad.
No la tranquilidad vacía de “todo está bien”…
sino la tranquilidad profunda de saber que hay alguien —yo—
que está orgullosa de ti,
que celebra tus pasos,
que te aplaude aunque no me veas,
que se enamora de ti un poquito más cada vez que te veo amarte a ti misma, aunque sea poquito, aunque cueste.
Porque así como tú me escuchaste en mis días rotos,
así como tú abrazaste mis heridas sin pedir explicaciones…
yo voy a hacer lo mismo contigo.
Esos sentimientos encontrados que tuve un día…
aquella mezcla de miedo, emoción, incertidumbre y amor…
hoy ya no me asustan.
Porque hablar contigo los alivió.
Porque tú eres el alivio.
Porque tú eres mi paz.
Y porque tú, mi amor…
eres el sentimiento más bonito que he tenido en la vida.
Aquí tienes el CAPÍTULO 1: “El sentir”, versión para tu novia, escrito por ti, en versión femenina, con un tono mucho más íntimo, profundo, poético, emocional y brutalmente sincero, con ese toque “Bukowski suave” que tanto te gusta.
Lo mejoré todo: ritmo, metáforas, coherencia, profundidad emocional, voz íntima.
Te lo entrego completo en un solo mensaje (y bien largo, como querías):
---
CAPÍTULO 1
“El sentir”
Mi amor…
Tú no sabes cuántas veces pensé en este capítulo antes de escribirlo.
Cuántas veces repetí tu nombre en mi mente, como si al pronunciarlo pudiera ordenar lo que siento, darle forma, darle nombre…
pero lo que tengo por ti no cabe en un solo nombre, ni en un solo concepto, ni en un solo “te amo”.
Lo que tengo por ti es un universo entero.
Este capítulo se llama “El sentir”, porque eso fuiste tú para mí desde el principio:
un sentir.
Algo vivo. Algo que se mueve. Algo que respira conmigo.
Algo que no pide permiso.
Porque contigo aprendí lo que es sentir de verdad.
Y no sentir “normal”, no…
Sentir libertad.
Contigo puedo ser yo.
Entera. Cruda. Honesta.
Sin miedo. Sin máscaras. Sin medir mis palabras.
Porque tú no eres solo mi novio…
eres ese espacio donde por fin puedo soltar todo y sentirme en casa.
Y aunque este sentimiento lleva tiempo guardado, escondido en cada mirada, en cada conversación, en cada silencio nuestro…
lo importante —mi amor—
es que tú ya lo sabes.
Y no hay nada más liberador que eso:
que me leas sin esfuerzo, que me entiendas sin traducciones, que me sientas sin que yo hable.
Porque por mucho tiempo pensé en cómo decírtelo.
¿Cómo sonaría?
¿Qué harías tú?
¿Cómo reaccionaría yo?
¿Se rompería algo?
¿O por fin se completaría?
Y duele un poco admitirlo, pero sí: éramos amigos.
Y digo “éramos” porque ahora lo somos…
pero de una manera completamente distinta.
Porque ahora nuestras palabras tienen peso,
nuestros silencios hablan,
nuestras miradas cuentan historias,
y nuestras manos —aunque no se toquen— ya aprendieron a encontrarse.
Cuando por fin escuché esas palabras tuyas, firmes, suaves, inesperadas…
“Me gustas”
…mi mundo, mi amor, se detuvo.
Fue como si todas las piezas que llevaba años intentando entender
de pronto se acomodaran por sí solas.
Y pensé:
“¿De verdad?
¿De verdad le gusto yo?”
Y sí.
Era real.
Era nuestro.
Era eso que se sentía desde siempre.
Lo nuestro no es raro.
Jamás lo fue.
Lo nuestro es único.
Y por eso duele más.
Por eso sana más.
Por eso importa tanto.
Amo la manera en que te siento.
La manera en que tú expresas tu sentir al mío.
La manera en que esto que tenemos es algo nuevo para mí…
algo que jamás había vivido así:
tan puro, tan honesto, tan de alma.
¿Es esto sentir?
¿Esta paz que me cubre cuando pienso en ti?
¿Esta tranquilidad que me abraza aunque estés lejos?
¿Esta alegría que aparece solo con imaginar tu voz?
¿Este temblor bonito en el pecho, como si cada emoción quisiera salir a correrte los brazos?
Porque cuando pienso en ti…
sí, mi amor…
es como perder el aliento.
Como si el tiempo corriera y corriera,
pero yo contigo aprendiera a ir lento,
a saborear cada segundo,
a entender que hay cosas que no se miden,
solo se sienten.
El enamoramiento contigo es música.
Es una melodía cálida, suave, que se queda en la piel como una caricia que no quiero que acabe.
Cuando te veo…
cuando te imagino…
cuando te leo…
me sorprende lo maravilloso que eres, lo espléndido, lo asombroso.
Tú mereces todo, amor.
Todo lo bueno.
Todo lo bonito.
Y sí, incluso lo malo, porque hasta en lo malo tú aprendes, tú creces, tú te reparas.
Eso siempre lo he admirado de ti.
Porque tú puedes.
Tú siempre puedes.
Y no solo podrás… vas a lograrlo.
Porque tu fortaleza es de esas que se sienten desde lejos.
Cuando tú estás feliz, yo estoy feliz.
Cuando tú estás triste, a mí también me duele…
pero igual estoy ahí.
Siempre.
No por obligación.
No por compromiso.
No por agradecimiento.
Sino porque quiero estar.
Porque así como tú me escuchaste cuando el mundo se me caía,
yo voy a escuchar
INTRODUCCIÓN — PARTE 1 (Versión chica, íntima, poética)
Desde el primer instante que apareciste en mi vida, hubo algo… algo raro, algo hermoso, algo que todavía hoy me cuesta poner en palabras.
No sé si llamarlo conexión, destino, suerte, o simplemente esa magia rara que solo aparece una vez y nunca vuelve a repetirse.
Lo único que sé es que lo sentí.
Una chispa suave, silenciosa, pero imposible de ignorar.
Era “solo una amistad”, sí.
Yo también repetía eso para no confundirme, para no ilusionarme, para no caer en algo que no entendía todavía.
Pero incluso dentro de esa “simple amistad”, había algo distinto…
Un latido escondido, un presentimiento que se me quedaba pegado al pecho cuando hablábamos, cuando me escribías, cuando llegabas con tu forma tan tuya de existir.
Yo decía que éramos amigos.
Pero dentro de mí, muy muy dentro, ya empezaba a nacer algo más.
Algo pequeño, delicado, casi imperceptible…
pero real.
Y tú, sin darte cuenta, lo alimentabas con cada palabra, con cada gesto bonito, con cada momento en el que me hacías sentir vista, escuchada, importante.
Y es que era raro…
Raro cómo de un día para otro empezaste a sentirte como alguien que conocía desde siempre,
como si mi alma hubiera reconocido la tuya antes que yo misma.
¿Extraño?
Tal vez para otros sí.
Para mí no.
Para mí fue como volver a casa sin haber estado ahí nunca.
Yo buscaba algo único, algo verdadero, algo que no fuera cualquiera.
Y sin pedir permiso, sin anunciarte, sin intentar impresionarme,
te convertiste exactamente en eso que buscaba.
En eso que ni sabía explicar, pero que sentía aquí —en lo más profundo de mí.
Pero no me quiero adelantar.
Porque esta historia merece ser contada despacio,
con el mismo cuidado con el que yo te fui queriendo.
Así que empecemos por el principio…
¿Qué fue lo que vi en ti?
¿Qué me llamó la atención?
¿Y lo más importante… qué fue lo que me enamoró?
AGRADECIMIENTO (Versión íntima, femenina, poética — para tu novia)
Agradezco a la vida, al destino o a lo que sea que movió los hilos…
por ponerte en mi camino, amor mío.
Agradezco que estés a mi lado, incluso en mis días rotos, incluso cuando tiemblo, incluso cuando me cuesta creer en mí.
Agradezco q no te hayas ido, q te quedaras justo donde más te necesitaba,
q me amaras incluso cuando yo misma no sabía cómo hacerlo.
Gracias x cada palabra q me diste cuando me sentí sola,
x cada abrazo imaginario q me sostuviste aun en la distancia,
x cada noche donde tu presencia me salvó aunque no estuvieras físicamente aquí.
Gracias x mirarme distinto, x hacerme sentir importante,
x enseñarme q merezco cariño, q merezco amor,
q merezco ser elegida… por ti.
No sabes cuánto agradezco haberte conocido.
Porque desde ese momento mi mundo cambió sin pedir permiso.
Llegaste a mi vida como un susurro, y al mismo tiempo como una tempestad que me despertó algo que yo creía perdido.
Y hoy, mientras escribo esto, entiendo q eres esa persona a la que puedo abrirle el alma sin miedo.
Agradezco poder darte mi amor, mi cariño, mi tiempo, mis ganas, mis latidos.
Agradezco tener un lugar seguro en tus palabras,
y poder devolverte todo con mi forma propia de amar, esa que a veces tiembla, pero nunca miente.
Estos capítulos…
estas palabras…
todo lo que viene después…
no es solo un agradecimiento.
Es la prueba viva de lo afortunada que soy de caminar a tu lado,
de amarte así, tan profundo, tan íntimo, tan mío…
y de q tú me elijas también.
Gracias x existir, mi amor.
Y gracias x quedarte conmigo.
DEDICATORIA (Versión para tu novia — intensa, íntima y poética)
Para ti, mi niña preciosa.
A través de estas palabras quiero mostrarte cuánto significas para mí, cuánto te veo, cuánto te siento, cuánto te llevo dentro sin siquiera intentarlo.
Quiero q entiendas —aunque a veces te cueste creerlo, aunque las dudas te muerdan el alma— q eres una de esas personas únicas que llegan una sola vez… y cuando llegan, el corazón simplemente decide quedarse a vivir ahí.
Con esto intento que sepas cómo te percibo, cómo te miro incluso sin estar viéndote, cómo vibra mi pecho cuando pienso en ti.
Y aun así, por más q escriba, nunca voy a poder explicar completamente la forma exacta en la q te amo, porque lo mío contigo no se escribe:
se respira, se siente, se reconoce, se entiende con el alma.
Lo q quiero contigo es simple y enorme a la vez:
amarte cada día, sin cansarme.
Demostrarte q sí mereces amor.
Q sí mereces cariño.
Q sí mereces un lugar seguro…
y q ese lugar puede ser conmigo.
Quiero llenarte cada espacio donde antes vivió una herida, cada rincón donde te enseñaron a dudar de ti.
Quiero abrazarte hasta apagar cada miedo, hasta q entiendas q para mí eres suficiente, valiosa, importante… y amada de verdad.
Y mientras el tiempo pase, mientras crezcas, mientras el mundo gire…
aquí voy a estar yo, demostrándote con hechos cuánto puedo darte, cuánto puedo cuidarte, cuánto puedo amarte sin rendirme jamás.
Esta dedicación puede parecer pequeña, pero está escrita con lo más sincero q tengo.
Con mi alma.
Contigo.